miércoles, 9 de abril de 2014

Aquellos domingos invernales

En domingos también temprano mi padre amanecía
Para vestirse en el azul y oscuro frío invierno
Y luego con agrietadas manos laceradas por el terrible clima
Fogatas de la nada levantaba. Nunca nadie le dio las gracias.

Yo despertaba y olía el frío astillarse, resquebrajarse.
Y una vez cálida la casa, nos llamaba,
Y yo me levantaba y me vestía,
Temiendo los crónicos arranques de esa casa,

Para hablarle con indiferencia,
A él, que había espantado al fuego de la casa
Y además boleado sin reclamos mis zapatos.
¿Qué iba a saber yo, qué iba a saber yo
De amores austeros y grises oficinas?

Fuego y Hielo

Unos dicen que el mundo morirá en el fuego,
Otros que en el hielo.
Por lo que he probado del deseo
Me adhiero a los que escogen el fuego.
Pero si tuviera que morir dos veces
Creo saber del odio suficiente
Para saber que la destrucción por hielo
Sería grandiosa
Y conveniente.

martes, 8 de abril de 2014

Carta a una prostituta

En un tiempo en que pude haber elegido cualquier otro destino, me fui a enamorar de ti – me fui a enamorar de una puta. Que los glaciales del olvido me arrastren y me pierdan, despiadados.

Pero ¿aquél era mi destino? Quizá sí, ahora lo comprendo. Irónico destino; si me hubieses conocido con anterioridad – oh si tan sólo me hubieses conocido –, me habrías escuchado, jactancioso, decir que yo nunca acudiría a una puta por sexo. Llámalo vanidad, porque eso exactamente es. Soy rico, vengo de una familia bien y, cosa rara, todos a mi alrededor parecen acudir a las putas por sexo. Mi papá y mis tíos, mis abuelos y mis primos, mis amigos y conocidos.

¿Tú me podrías decir por qué, pudiendo ser el sexo gratis, pagar por él?

¿No lo estimas humillante y denigrante, un insulto a la virilidad de un hombre?

No pueden ligar a una chica ni aunque su vida dependiera de ellos, puesto que nuestro único talento es generar dinero y malgastarlo. Sus respectivas novias y esposas no están para eso sino para ser trofeo. ¿No hay de otra opción? Ser célibe, por ejemplo. Es preferible eso a denigrarse a pagar por sexo. Esto era mi orgullo secreto.

Pero luego llegaste a aquella fiesta, caminando por la alfombra roja. Porque no sólo eres una puta: eres toda una celebridad. Vas a fiestas y te hacen entrevistas, haces videos en internet y tienes fans y seguidores. Y así como son aplaudidas y felicitadas las actrices y las modelos y las cantantes, tú también lo eres. Sólo por ser puta – por gritar al mundo lo que eres, lo que haces, lo mucho que te gusta coger y lo orgullosa que estás de tus tetas. Como si muerto fuese el tiempo en que las putas debían esconderse entre las sombras, avergonzadas de su oficio.

Y te vi.

Por largo tiempo luché contra mí mismo en una batalla velada y silenciosa, pero al final perdí, perdí, Luna, perdí, y arrastrado por alguien que no era yo pero que en realidad lo era caminé hacia ti. Y te hablé. Pero no como un ligador, de esos que te rodean, sino como un cliente. Me diste tu tarjeta.

Luna
Puta
5511928012
Pago por hora

Y al siguiente día te llamé y te llevé a un hotel y te acosté sobre la cama y te hice el amor como si nunca lo hubiera hecho, en mí gracias se liberaron los mil y un demonios de la lujuria que habitaban en mí. Y conocí la dicha y conocí el placer. Y sin quererlo o quizá sí en ese momento y quizá para siempre me uní a ti..

¿Ante el mundo te niego?
Sí.
¿Tengo esposa?
Sí.
¿Te seguiré buscando?
Por supuesto que sí.

Rara situación estar enamorado de una puta, sobre todo de ti, una puta famosa, una celebridad puta, que es lo mismo a decir una puta celebridad. Porque a pesar de ser puta eres amada y asediada y codiciada por muchos. Cuántos no estarían dispuestos a darte el mundo entero a cambio de tu amor y tu cuerpo fiel, como si pensaran en redimirte. Si los boleros estuvieran de moda, te dedicarían aquel de Los Tres Caballeros: “Déjame que te lleve en mi camino, / para cortar la flor se tu amargura, / Déjame convertirme en tu destino / piensa que no eres sólo una aventura… / Dios quiso terminar con tu calvario, / por eso he venido a redimirte. / Yo sabré construir tu nueva vida, / yo seré para siempre tu consuelo, / si para todo el mundo eres perdida, / para mi eres la virgen de mi cielo”.

Pero yo sé la verdad. Y sé que nunca les darás aquello que piden.
Ya lo hubieras hecho.
Pierden su tiempo los que con amor o buenas intenciones o intentan ganar tu cuerpo. La única manera de obtener tu cuerpo es como el resto de nosotros, la ola infinita que ansiosa y lujuriosa espera su turno para entrar a ti: con dinero.
Yo no soy distinto a ellos.
Si tú fueras el sol arrollador, yo con gusto sería el tibio mar que contento bajo tus rayos se evaporaría hasta no ser nada más que humo.

Y sin embargo cuando la explosión termina y las ansias se sosiegan y la calma me invade como ejército enemigo y el silencio y el aire se tornan uno y tú ya tienes mi dinero y yo ya no requiero más de ti, es cuando surgen como meteoros tus palabras y pienso en la niñita de dieciséis años que en cuyo primero privado se sintió violada y pienso en la niñita que a los diecisiete casi muere estrangulada por las desquiciadas manos de un cliente llevado por algo que iba más allá del deseo  y pienso en la niñita de dieciocho golpeada por su novio hasta que rociado el piso quedó con su sangre y pienso en la niñita de diecinueve años a la cual le apuntaron con una pistola a la sien a cambio de no dar una felación y pienso en la niñita de veinte años en cuyo cuerpo cinco hombres en una orgía le apagaron cantidad de cigarros en todo el cuerpo, desde los pies a la cara, y pienso en la niñita de veintiún años que grita que es una puta y se vende como puta y le da igual y hasta se enorgullece que le digan puta pero que se deshace como piedra si su padre la rechaza y desprecia el dinero que ella le consiguió para que ya no viviera en el lodo ni en la basura ni descalzo ni en una casa de cartón con otros seis hijos más que alimentar.

Cómo decirte, Luna mía, que tu historia es mi historia, que tu cuerpo es el reflejo de mi espíritu y  que los caminos que has recorrido nunca los he recorrido pero que son música ignota que me llega desde la lejanía entre todo el silencio que son las voces y los ruidos cotidianos. Que me toca y me remece algo que ni siquiera sabía que existía dentro de mí. Cómo decirte, cómo hablarte de mi tía Cristina y su esposo Carlos, quienes desollaron mi inocencia cuando era yo muy chico. Cómo hablarte de los videos y grabaciones abominables, de aquel dolor que no entendía, del asco hacia mí mismo, del repudio hacia todo, del fuego invisible que nadie ve y nadie siente más que yo.

Cómo explicarme el pensamiento de ti siguiéndome a todos lados como perrito faldero, el eco de tu voz que me llega a los oídos como desde el fondo de un pozo, las madrugadas en que despierto y me asalta la risa porque espero encontrarte a mi lado, tierna y desnuda y dormida. Hay noches en que estoy contigo de pronto siento algo nacer de mí, algo extraño e inusitado, un círculo rojo que en medio de la oscuridad se hace más grande, y que de pronto se apodera de mí y me libera, como si aprisionado estuviera de algo que no conozco, y es cuando deseo estallar en ti, perderme en la nada, en el todo, y besar las cicatrices imborrables y tristes de tu cuerpo hasta dejar mi lengua seca. Son en esos momentos, Luna, en que algo en mí se calma, un tornado de ruido que nunca descansa, nunca duerme, y eres como la estrella distante que alegre me guiña mientras camino perdido en el desierto.

Yo trato – oh si vieras cómo he tratado – de luchar contra eso que siento y que me derriba y arrastra y arrolla como tabla de náufrago en una noche de tormenta, esto que muchos llaman amor. Me quedo a solas y trato de saciarme yo mismo o con otros cuerpos, para no tener que buscarte, y hacerme a la idea de que entre tú y yo sólo hay transacción y negocio, cuerpo y piel. Pero hay noches en que ansío verte, pagarte toda la noche, sólo para verte dormida sobre mi cama de hotel y sentir mi corazón en la dulzura fundirse como ceras. Yo rozo tu piel con la punta de mi dedo índice, manteniendo mi dedo ahí, suspendido en el aire, sin tocarte, sin atreverme a tocarte, como si fuese un vidrio frágil, como si necesitase de un permiso divino para presionar mi piel contra la tuya, hasta que despiertas y me ves y te veo y me sonríes y te sonrío y te pones de pie y me dices adiós, gusto hacer negocios contigo, me esperan otros clientes. Otros clientes.

Pero a mí no me importa.
No me importa no me importa no me importa
Porque te amo, no eres mía, nunca lo has sido y nunca lo serás; pero ¿qué importa? ¿qué me importa si eres mía y de mil manos y mil bocas y mil sexos más? ¿qué me importa si entre todas las horas de los días tú me reservas una en especial, como a cualquier otro? Porque mientras tú seas una puta y yo pueda pagar tus servicios, y mientras yo lance un llamado al aire y tú respondes aquel llamado, tú y yo estaremos juntos en moteles baratos y cuartos fríos de hotel, por algunas horas, algunos días a la semana, así, para siempre. Quién podría, Luna mía, dime quién podría necesitar menos que todo esto.

domingo, 6 de abril de 2014

El Perro y el Frasco

‘Lindo perro mío, bello perro, pulguiento, acércate, ven y respira este delicioso perfume, que compré para ti en la mejor perfumería de la ciudad’.

Y el perro, moviendo la cola, signo, yo creo, de esos pobres seres, de la sonrisa y la alegría, viene y curioso acerca su húmeda nariz en la boca del frasco; y en seguida, salta hacia atrás con súbito temor, y me lanza un ladrido, como reproche.

‘Ah, perro miserable, si te hubiera dado a oler un paquete de excremento, lo habrías olido con placer, quizá hasta devorado. Y así, tú mismo, indigno compañero de mi aciaga vida, me recuerdas al resto del público, al cual jamás se le debe presentar perfumes exquisitos porque lo irrita, sino más basura y desperdicios elegidos con el mayor de todos los cuidados’. 

jueves, 3 de abril de 2014

En el desierto

En el desierto
Vi a una criatura desnuda y oscura,
Quien, en cuclillas sobre la arena,
Con el corazón entre las manos
Lo comía.
Y yo dije: ‘amigo, ¿qué tal sabe?’
‘Es amargo amargo, respondió,
‘Pero me gusta
Porque es amargo
Y porque es mi corazón’.

Para un hijo sin padre

Estarás consciente de una ausencia, presente,
Creciendo a tu lado, cual árbol,
Uno muerto, sin color, árbol en otoño,
Calvo, castrado de luz, una ilusión,
Y un cielo como la cola de un cerdo, total falta de atención.
Pero ahora mismo eres tonto.
Y amo tu estupidez.
El ciego espejo que es. Lo miro
Y no veo más que mi rostro, y tú piensas que es gracioso.
Es lindo para mí
Que tomes mi nariz, escalera de tijera.
Algún día quizá palpes el problema –
Los diminutos cráneos, los horizontes rotos, los silencios.
Y hasta entonces tus sonrisas serán dinero encontrado
En los bolsillos.

domingo, 23 de marzo de 2014

El Lobo de Wallstreet: Algunas Perspectivas Psicoanalíticas

Hacía tiempo pensaba que El Gran Gatsby era la película definitiva sobre la fiesta excesiva, la fiesta salvaje, la fiesta que no conoce límites. Si no saben a qué me refiero, se los explicaré rápidamente: El Gran Gatsby, protagonizada también por Leo DiCaprio, es una película estrenada en 2013, que trata, entre otras cosas más interesantes, sobre Jay Gatsby, un magnate dueño de una casa de $30 millones de dólares, un hidroplano de 2 millones, un Rolls Royce de casi $400, 000, 2 botes de $200,000, un tren de $100,000, que contrata un surtidor de ropa por más de $400,000, un jardinero de $20,000; y hace fiestas de más de $250,000 cada una, en las cuales hay licor y comida y música en vivo, completamente gratis para sus invitados. Una vez terminada la fiesta, los ocho sirvientes de Gatsby, contratados por $800,000 dólares en total se encargan de limpiar todo el lindo cochinero de los amables invitados. Las fiestas de Gatsby son como fiestas de rockstars, los eventos lúdicos y concurridos sin consecuencias. El puro desastre.

Me equivocaba.

El Lobo de Wallstreet es otro nivel. El Lobo de Wallstreet es una película que hace ver a Gatsby como niño de kínder que festeja sus cumpleaños en MacDonalds. Inclusive a Jordan Belfort, el protagonista de El lobo, se le llama el gemelo malvado de Gatsby. ¿Por qué? Sólo hace falta echarle un vistazo somero a la película para comprender por qué. Jordan Belfort, exitoso corredor de bolsa en la ciudad de Nueva York, no sólo es dueño de una fortuna similar a la de Gatsby (o quizá mayor), sino que tiene algunas cositas que aquél no tiene: sexo desenfrenado y desenfrenado consumo de drogas y licor y desenfrenado gasto de dinero.  En Estados Unidos lo llamarían El sueño americano, pero este tipo de vida excesivo, esta vida que más bien parece un sueño que realidad, es universal: ¿Quién no quisiera vivir de esa manera, ir por la vida pensando haciendo y deshaciendo y gastando y consumiendo, como si no hubiese un mañana? En México ya existen ilustres personajes de hábitos ejemplares. Sin ir más lejos, la hija del líder sindical de trabajadores de Pemex (cuyo nombre no mencionaré). Y después de ver El Lobo de Wallstreet algo resonó en mí. Veamos algunas de las actitudes y hábitos de Jordan Belfort.

Al principio de la película, después de mencionarnos algunas de sus propiedades, entre las que se encuentran un yate de más de 170 pies, Belfort nos dice lo siguiente sobre él mismo: “También apuesto como un degenerado, bebo como un pescado, tengo sexo con prostitutas tal vez cinco o seis veces por semana… y amo las drogas”. Añade lo siguiente: “a diario consumo drogas como para sedar a Manhattan, Long Island y Queens… por un mes… [también] tomo analgésicos de 10 a 15 veces por día… cocaína para levantarme de nuevo y morfina porque es asombroso”. Desde luego hay otros ejemplos de este tipo a lo largo de la película, pero el punto es básico: Jordan Belfort y su séquito son un puñado de gulosos y lujuriosos, pozos sin fondo que por más que consuman no tienen llene. Un avaro. Erich Fromm, psicoanalista alemán, en su libro El Miedo a la Libertad, dice que en el Renacimiento, época de poder y riqueza de las clases altas, permitieron a los ricos nobles más libertad, debido a su poder y su dinero, pero también fueron más solitarios, ya que el individuo fue absorbido por un “egocentrismo pasional, una avaricia insaciable por poder y dinero” que tuvieron como consecuencia para el individuo una relación consigo mismo, su seguridad y estima, contaminadas, ya que su persona se tornó en un objeto de manipulación para sí mismo. Fromm dice, sobre los poderosos del capitalismo Renacentista, que la nueva libertad que el dinero les trajo fue una mayor sensación de poder pero al mismo tiempo una mayor soledad, duda, escepticismo y – como resultado de todo esto – ansiedad.

Podemos, pues, decir que en El Lobo de Wallstreet los personajes se manipulan a sí mismos para obtener el máximo placer que puedan de la vida. A costa de su cuerpo y salud, y a través del sexo y drogas, Jordan obtiene un placer más allá de lo imaginable, pero placer que al mismo tiempo es su autodestrucción, su muerte. Por esto no estaría de más decir que Jordan Belfort (y muchos de los otros personajes de la película) es un personaje dividido. Es decir, por un lado, se encuentra su mente, quien toma decisiones y busca, como perro hambriento, el placer, y por otro lado se encuentra su cuerpo, el envase que alberga su mente, encargado únicamente de proporcionar dicha a la mente. Esto explica también la razón por la cual las prostitutas abundan en el mundo ficticio de Jordan Belfort: existen únicamente en función de su sexualidad: dan placer sexual a los hombres. Una vez que lo proporcionan, son prescindibles y desaparecen de la vida de Jordan y sus secuaces. Hay que notar que esto mismo sucede con los clientes de su compañía: los inversionistas sólo existen en función de su dinero. Una vez que Jordan obtiene dinero de ellos, el resto importa poco (hay que notar que después que un inversionista le ha dado el sí a una transacción, por teléfono, Jordan hace un gesto que comunica, básicamente, “me lo he cogido”, como a las demás prostitutas). En el universo ficticia de El Lobo de Wallstreet, todos los personajes y sus cuerpos, e incluido el suyo, son juguetes que existen en función de alimentar la verde avaricia de Jordan Belfort, respetable corredor de bolsa.

Volviendo al tema de la ansiedad que trata Fromm, hay que notar la conversación que tiene Jordan con su jee, otro corredor de bolsa, al principio de la película, Mark Hanna. Hanna es un corredor de bolsa que tiene que echar la cocaína y las prostitutas para poder realizar su trabajo (esto él mismo lo dice) y tiene que masturbarse dos veces al día, todo esto para relajarse, liberarse del estrés, no perder su balance, no hacer implosión. Para Hanna lo importante es engañar a la mente a través del cuerpo y producir una falsa sensación de sosiego que en algún momento se llenará de nuevo de estrés y caos y peligro de implosión. Respecto a la sexualidad, Fromm dice que este tipo de hombres “han perdido la habilidad para diferenciar entre una sensación falsa y un verdadero sentimiento”, lo cual tiene como resultado una actividad sexual compulsiva, que se “consume como licor o droga, que no tiene un gusto en particular pero hace al individuo olvidarse de uno mismo”. Me parece que esta explicación se ajusta perfectamente al tipo de vida que lleva Hanna y que con el paso tiempo adoptará como propia el buen Jordan. Es necesario notar que la eyaculación es generalmente vista como una explosión, un arrojamiento hacia afuera, mientras que la implosión es concebida como un colapso violento que sucede hacia adentro. Implosión, curiosa versión del infierno.

A propósito del egoísmo, Fromm dice que el hombre egoísta “nunca está satisfecho, siempre encuntra sesasogiego, empujado por una aprehensión de no tener suficiente, de perderse de algo, de la privación de algo… tiene envidia de que alguien pudiese tener más” (43). Esto es cierto con respecto a La Duquesa, Naomi, la esposa de Jordan, a quien roba de otro personaje en una de esas fiestas extremas y por quien abandona a su esposa, Teresa, quien inclusive, al quedarse Jordan desempleado, estaba dispuesta a empeñar su anillo de compromiso para poder comer los dos. En una época en la cual las mujeres han perdido algo de humanidad y en cambio han ganado características de objetos, el éxito y poder también se manifiestan en la posesión de una mujer bella, casi increíble. Recordemos que, al principio de la película, explicando por qué el dinero es la mejor droga de todas, Jordan dice que el dinero permite comprar mejores mujeres. Al igual que el yate, las casas y los carros, las mujeres no solamente se rentan, como las prostitutas, sino que se compran, como la Duquesa. ¿Por qué? La respuesta quizá nos la dé Octavio Paz, cuando dice que “el siglo XX ha sido el siglo… en que se ha convertido [al] cuerpo en publicidad”. Si el cuerpo bello de Naomi es, entonces, publicidad, ¿qué es lo que está comunicando esta publicidad? En este caso, la Duquesa, al ser esposa de Jordan, comunica al mundo lo poderoso y rico, lo especial y único, que debe ser Jordan para tener a su lado a una mujer tan bella como ella misma. Citando a Rachel Bowlb, sobre Dorian Gray, Naomi es, pues, “publicidad andante”. Sin embargo, a pesar de su belleza, Naomi no es suficiente para Jordan, ya que Jordan sigue acostándose con prostitutas y siéndole infiel en cuanto la situación se presente. En pocas palabras, la Duquesa se convierte, dentro de la película, en un objeto desperdiciado. Qué pena: tan agradable que se ve.

Hablando más sobre el egoísmo, Fromm dice lo siguiente: “el egoísmo no es idéntico al amor propio, sino su opuesto exacto. El egoísmo es un tipo de avaricia, y como toda avaricia es insaciable; por lo cual, nunca existe verdadera satisfacción. La avaricia es un pozo sin fondo, que exhausta a la persona que la tiende en un esfuerzo sin fin para satisfacer la necesidad, sin llegar nunca a una verdadera satisfacción”. Esto es evidente en El Lobo de Wallstreet, en la escena en la cual Jordan describe su viaje a Suiza. Jordan dice que consume Ludes a la mañana, a la tarde, a la cena junto con cócteles y un par de Valium, a la noche un par de más de Ludes, que es cuando pierde todas sus habilidades motrices, y para las diez no sabe qué o quién es. En esta escena, vemos a Jordan teniendo sexo con una prostituta en una cama, más bien, a una prostituta teniendo sexo con un monigote, un muñeco inflable con cara de muerto. Me parece que es en esta escena, en la que vemos a Jordan teniendo sexo sólo por tener sexo, teniendo sexo sin realmente disfrutarlo, ya que ni siquiera está consciente para sentir lo que está haciendo, que podemos comprender la idea de Fromm de que la avaricia es un pozo sin fondo, que exhausta a la persona por no poder conseguir la satisfacción que tanto anhelo. Tanto sexo y tanto dinero para que Jordan siga igual de incompleto que siempre. Pobre tipo.

Ahora, ¿por qué un tipo que lo tiene todo no tiene llene? Fromm dice que el egoísmo tiene origen en una “falta de amor por sí mismo”, ya que “la persona que no se ama a sí mismo, que no se aprueba, se encuentra en una constante ansiedad respecto a sí mismo” y “debe preocuparse de sí mismo, ávido de obtener todo para sí mismo, debido a que él carece de seguridad y satisfacción”. ¿Podemos decir que Jordan Belfort cae en esta descripción que Fromm nos da? Jordan nunca nos habla sobre su autoestima ni su percepción de sí mismo pero al principio de la película nos dice que él es un antiguo miembro de la clase media criado por dos contadores en un diminuto apartamento en Bayside Queen. A pesar de que esto no nos habla sobre su autoestima o falta de amor propio, no sería exagerado decir que en un mundo capitalista, en el cual el éxito y valor de una individuo se mide por su cuenta de banco, Jordan Belfort aprendió a despreciarse desde chico por ser un integrante de la clase media (igual que, dicho sea de paso, Gatsby se despreciaba por ser de orígenes humildes) y al verse del tamaño del apartamento en que creció, en Bayside Queen.  Inclusive también podríamos decir que Jordan ni siquiera sabe que él alberga esta idea sobre sí misma; él solamente la tiene y esta idea dañina para sí mismo rige su conducta y actos de manera inconsciente.

De manera general, podríamos decir que, igual que en El Gran Gatsby y las vidas de muchos rockstars, la fiesta es el elemento predominante en El Lobo de Wallstreet. Se la viven de fiesta, hasta que el cuerpo aguante. A propósito de la fiesta, Octavio Paz dice, en El Laberinto de la Soledad, que “en ciertas fiestas desaparece la noción misma de orden. El caos regresa y reina la licencia. Todo se permite”, que en la fiesta “se violan reglamentos, hábitos, costumbres. El individuo respetable arroja su máscara de carne y la ropa obscura que lo aísla y, vestido de colorines, se esconde en una careta, que lo libera de sí mismo” y que “a través de la fiesta la sociedad se libera de las normas que se ha impuesto. Se burla de sus dioses, de sus principios y de sus leyes” y que “todo pasa como si no fuera cierto, como en los sueños”. ¿Podríamos decir que esto sucede en El Lobo de Wallstreet? Por supuesto que sí: Jordan Belfort y sus séquitos parecen sátiros, hijos de Dionisio, que tienen sexo con lo que se mueva y se deje. Sin embargo, hay una diferencia que deberíamos notar. La mayoría de nosotros, entes aburridos y pobres, vivimos en una realidad con leyes y reglas que se nos es permitido romper romper en la fiesta, como dice Paz, pero estas fiestas no suceden siempre; se dan de vez en cuando (dependiendo de las costumbres de cada quién, ¿cierto). Pero por falta de recursos o libertad o tiempo, por trabajo o escuela, no podemos vivírnosla de fiesta siempre. La fiesta, al igual que el sueño y la vida y casi todo en el universo, tiene principio y fin, límite y durabilidad. Quizá ése sea su atractivo: que sucede esporádicamente. De otra manera, si la fiesta fuese eterna, ¿aburriría? Probablemente sí.

Pero en El Lobo de Wallstreet no es el caso. Los personajes se drogan y tienen sexo y beben a toda hora, en cualquier lugar (en el baño, en el trabajo, en vuelos privados), no piden permiso a nadie, tampoco perdón, el único descanso que conocen es el preludio a la fiesta. En pocas palabras, hacen lo que se les da la gana. ¿Por qué? Su dinero se los permite. En El Lobo de Wallstreet sueño y realidad no son líneas separadas sino líneas convergentes que se acercan, la una a la otra, cada vez más hasta fundirse en una sola. Por ende, podríamos decir que El Lobo de Wallstreet es una película cuya realidad es surreal. ¿Qué es el Surrealismo? Etimologicamente, el término surrealismo se compone de sur (por encima, en francés) y realismo. Es decir, lo que está por encima de la realidad. André Breton, en su Manifiesto Surrealista, lo define como el movimiento que estriba en la creencia de la superioridad de la realidad de “ciertas formas de asociación hasta hace tiempo despreciadas” (Podemos traducir esta frase, para darle sentido a El Lobo de Wallstreet, como la superioridad de una realidad cargada de prostitutas suculentas y dinero a raudales, drogas únicas y alcohol exquisito); la creencia en “la omnipotencia del sueño” (¿Qué tipo de sueño? Ah muy fácil – todo aquel cargado de prostitutas suculentas y dinero a raudales, drogas únicas y alcohol exquisito); la creencia en “el desinteresado juego del pensamiento” (es decir, a hacer y cumplir cualquier capricho y deseo al cual el “desinteresado juego del pensamiento” nos lleve”). El surrealismo además tiende a “arruinar los otros mecanismo físicos” (como, por ejemplo, todas las reglas y hábitos y dificultades que nos impidan ser amos absolutos de harenes cargados de coca y billetes y mujeres) y, por último, el surrealismo tiende a sustituir estas costumbres como fuente de soluciones “a todos los principales problemas de la vida” (¿Cuáles son estos “principales problemas de la vida” en El Lobo de Wallstreet? La falta de dinero y sexo y drogas a raudales. Ésta es la realidad de Jordan Belfort, la realidad con la cual nosotros, pobres ilusos, sólo podemos vivir en la fiesta, según Octavio Paz, pero, desde luego, muy de vez en cuando y muy limitadamente, ya que ¿quién de nosotros tiene tanto dinero como para gastarse $250, 000 dólares en una fiesta de una sola noche? Entre muchos otros, Jordan Belfort, y he aquí la diferencia entre la fiesta de Jordan y la fiesta nuestra: Gracias a su dinero y poder, Jordan Belfort sí puede vivir prolongar su orgasmo hasta el infinito. ¿Qué lo detiene? Casi nada; hasta la última parte de la película, el gobierno, pero fuera de todas sus irregularidades fiscales y transgresiones legales, nada. Por esta razón podemos decir que la vida de Jordan Belfrot es un surrealista: porque ha traspuesto su realidad de hijo legítimo de Dionisio, el dios del vino, la locura y el éxtasis. Es decir, Jordan vive la realidad surrealista de vivir en un perpetuo orgasmo. Bien por él, ¿no? Casi bien por él, más bien, si no es que, según Fromm, Jordan es un pozo sin fondo.

En un lugar y época que comunican que el cielo es el límite, todo es proclive a pervertirse y degradarse, como en este caso, Jordan Belfort. El Lobo de Wallstreet es una comedia negra, razón por la cual todos los desórdenes mentales y existenciales de Jordan no se ven con solemnidad de manicomio o diagnóstico psiquiátrico sino con risa y cinismo. Y no es para menos. Jordan Belfort, corredor de bolsas mezquino y sin escrúpulos, misógino infiel y descarado, consumió tantas drogas que bien se pudo haber quedado en el viaje en una de ésas. Su sobrevivencia es un milagro. Y los milagros siempre son material de comedia.



Referencias

Breton, André. “Manifeste du Surrealism”. Œuvres complètes I. Paris: Éditions Gallimard, 1988,
1332-1338. Impreso.
Carnes, Patrick. "Understanding Sexual Addiction". Siecus Report The Debate: Sexual
Addiction and Compulsion, 31.5: junio/julio (2013): 5-7. Web. 23 de Marz 2014.
Êdoctum Carpe Diem. “Êdoctum: Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, debate e”. Youtube.
Youtube, 11 Feb. 2013. Web. 23 de marzo de 2014.
Fromm, Erich. The Fear of Freedom. Great Britain, 1942. Web. 23 de marzo 2014.
Lamm, Nickolay. "How Much Would it Cost to be Great Gatsby?". nickolaylamm,
WordPress, 10 Mayo 2012. Web. 23 de Marzo 2014.
Nunokawa, Jeff. "The Importance of being Bored: The Dividends of Ennui in the Picture of
Dorian Gray." Studies in the Novel 28.3 (1996): 357-71. ProQuest. Web. 23 Mar. 2014.
Paz, Octavio. El Laberinto de la Soledad. Madrid: Fondo de Cultura Economica, 1992.
Impreso.
Powers, John. "Leonardo DiCaprio Is Jay Gatsby's Evil Twin in The Wolf of Wall Street".
Vogue, Condé Nast. Web. 23 Marz 2014.
The Wold of Wallstreet. Dir. Martin Scorcesse. Perf. Leonardo Dicaprio. Paramount
Pictures,2013. DVD.